
Tras su alejamiento de la conducción del seleccionado argentino, Diego Maradona afirmó hoy que el presidente de la AFA, Julio Grondona, le "mintió" y acusó al mánager Carlos Bilardo de traicionarlo y de haber trabajado "en las sombras" para echarlo.
Después que la AFA anunciara el martes que no le renovaría su contrato como entrenador luego de la eliminación en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica 2010, Maradona realizó su descargo leyendo un comunicado y sin aceptar preguntas por parte de la prensa.
l Diego Maradona seleccionador argentino cayó en la trinchera de sus propios desatinos, pero con las botas puestas.
El "no" que escuchó de la boca del general estratega Julio Grondona y que le impide continuar tras las heridas de guerra que dejó la eliminación de la "albiceleste" en cuartos de Sudáfrica 2010 desarmó a un Maradona que hasta hace unos días no se imaginaba en tamaña soledad en el campo de batalla.
Él mismo había proporcionado al titular de la AFA la munición gruesa horas antes, al afirmar -quizá con cierta dosis de ingenuidad o con el realismo de quien presentía que su suerte estaba echada- que bastaba con que le "tocaran un utilero" para que dejara su puesto en la selección.
En lugar de un balazo, el "Pelusa" recibió siete, la cantidad de lugartenientes que Grondona exigió borrar de su entorno. Demasiado para un hombre contradictorio, soberbio y pasional al extremo, pero enemigo de las componendas.
"Era imposible seguir sin mis colaboradores", dijo Maradona hoy al romper el silencio con la lectura de un comunicado en el que apuntó con munición gruesa.
"Grondona me mintió, (Carlos) Bilardo me traicionó". Sobre todo cargó contra el director de selecciones nacionales, su técnico en la lejana gesta de México 86. "Cuando estaba de luto, Bilardo trabajaba en las sombras para echarme", acusó Maradona el día después de su desvinculación.
Fiel a su estilo imprevisible y con una falta de estrategia similar a la exhibida por su equipo en el 4-0 ante Alemania en Ciudad del Cabo, Maradona tal vez desaprovechó el crédito del multitudinario recibimiento de los hinchas a la vuelta de Sudáfrica y el espaldarazo de la presidenta del país, Cristina Fernández de Kirchner.
Bajo los efectos del fuerte dolor de aquella derrota -que describió como el golpe más duro de su vida- Maradona se permitió desairar una invitación de la jefa de Estado y los llamados telefónicos de Grondona. Y viajó a Venezuela, haciendo esperar al hombre más poderoso del fútbol del país y despertando enojos en el gobierno.
Así, la vida del Maradona entrenador de Argentina -incapaz de articular una mínima autocrítica tras el desbarrancamiento sudafricano- expiró de un mazazo, después de 21 turbulentos meses que por la intensidad que el protagonista de la historia le imprime a todo lo que toca, equivalieron a varios años de otros mortales.
Como en una película, se fueron en segundos cientos de imágenes, desde sus peleas con Juan Riquelme y Bilardo, hasta sus 104 convocatorias y los amistosos inexplicables; desde la goleada 6-1 sufrida en La Paz, pasando por la angustiosa -y algo épica- clasificación mundialista, hasta el arranque a todo vapor en Sudáfrica que hizo soñar a los hinchas argentinos con un final bien diferente a la separación consumada el martes.
Previsible, de todas formas, para un equipo al que le sobró autoestima pero le faltó trabajo en lo táctico. Y que sufrió en el juego los volantazos propios de su conductor, tal como lo reflejan los números: la Argentina de Maradona ganó 18 partidos y perdió seis, pero jamás empató.
Sin términos medios, pero también honesto en su frontalidad, a imagen y semejanza del "Diez", como quedó demostrado en aquel partido en que Lionel Messi y compañía siguieron yendo adelante pese a los cachetazos alemanes.
Casi un mes después, al capitán de división no le quedó otra que agachar la cabeza y morir con el uniforme puesto. Aunque se guardó unas balas para el final: "Agarre quien agarre (la selección), que sepa que la traición está a la vuelta de la esquina".
DPA
28 de Julio del 2010